Es difícil, es difícil dar ese salto en la vida, salir de la escuela secundaria y llegar a la universidad. A mí me fue difícil adaptarme, porque me había acostumbrado en la secundaria a dar lo mínimo de mí, pasar los cursos sin esforzarme y estar de “vago” en las clases. Pero todo en la universidad era diferente, las personas, los profesores, las clases, las reglas y a todos les daba igual si estudiabas o no, cada uno estudiaba por su cuenta, por lo menos eso sentí con los primeros amigos que tuve. Desde el 1er día de clases me fui para atrás, y digamos que en la parte trasera del aula se sentaban los más bulleros, los malcriados o los “chacoteros” como los llamaban los profesores. De ellos me hice amigos, pero esa amistad sólo duró hasta después de la 2da práctica, porque para esa temporada ya se había ido más de la mitad del salón, incluyendo a los de atrás.
La primera parte del ciclo fue horrorosa, mis notas eran malas, me habían botado del salón, estaba perdido en lo que era matemáticas y algoritmos, y lo peor es que me estaba aburriendo. Un día decidí hablar con mi papá y decirle que iba a tomar la peor decisión de mi vida, es que se me pasó por la cabeza dejar de estudiar, o estudiar una carrera técnica y dedicarme a trabajar. Mi papá tan solo me dijo, “Si yo hubiera tenido un par de zapatos y dinero para comprarme un lápiz con un cuaderno, estaríamos mejor. Hijo, yo no acabé mi secundaria porque no quise, sino porque no pude, me esforcé y miré hacia el futuro, trazando una meta. Pensaba en trabajar para estudiar, pensaba en que si tenía hijos, ellos no iban a sufrir lo que yo sufrí. Y si yo de “cachuelo” en “cachuelo” llegué hasta Lima, tú con tu carrera puedes llegar mucho más lejos”. La conversación se prolongó con que si verdaderamente esa carrera me gustaba y yo decía que sí. Pero esas palabras que resalté, fueron las que me marcaron, las que me dejaron pensando, y las que me ayudaron para mis siguientes ciclos en la universidad. Mi papá me ayudó bastante, me compró la laptop para algoritmos, una calculadora para los cálculos y me ayudó con una profesora particular para matemáticas. El esfuerzo que mi padre ponía en mí lo supe valorar y me puse a estudiar, a estudiar cómo se debe y gracias a ellos estoy en mi 6to ciclo sin desaprobar un curso y con un buen promedio ponderado, yo me siento orgulloso de ello y mi papá también.
Soy programador en una pequeña empresa de sistemas, me encanta mi trabajo porque se trata de mi carrera y me encargo de formar a los nuevos practicantes, les enseño y les cuento anécdotas. A pesar de que soy joven, los jefes me confían el sistema y han dejado que yo me encargue de manejarlo. Poco a poco superándome más y saliendo adelante, siempre pensando en el esfuerzo de mi padre y a mi madre que me acompaña desde el cielo.A pesar de todo el sacrificio que se hace, a pesar de los gastos, del sueño, y del tiempo que falta, todo eso importa poco cuando te la pasas bien, si estás feliz contigo mismo y con los demás, y sobre todo si te gusta la carrera que estás estudiando, vale la pena pasar por la odisea que es estar en la universidad.
También me he sentido bien al tener tan buenos amigos, esos amigos verdaderos que te acompañan desde hace tiempo, que siempre están ahí para ti, con los que se estudia, se indaga, se discute y se hacen grupos de exposición. He conocido a bastante gente y no me he arrepentido de conocer a nadie, al contrario, a algunos los he considerado mis hermanos, como a Alejandra, que tenemos casi la misma historia de niños y nos identificamos por ser luchadores.
Puedo decir que desde que empecé a estudiar y hasta ahora que estoy en 6to ciclo, he madurado bastante y he crecido profesionalmente, más que todo en mi carrera, a la hora de analizar y pensar un poco antes de hacer las cosas. Por el dinero ya no me preocupo mucho, pues con el sueldo que gano me pago los pasajes y todo lo que necesito gastar en la universidad. Apoyo a mi papá pagándome la mensualidad. Lo que si pediría es tener más fuerzas para no quedarme dormido, sino me descuentan, y eso sí que es feo.



